lundi 17 mai 2010

A los Incas les molan las terrazas

Al Machu Picchu, te clavan, incluso antes de llegar. Nada más que para el tren, los cabrones. Otra vez los chilenos, esos mismos que les dieron tanta lata a los peruanos durante la Guerra del Pacifico y que ahora se aprovechan de nosotros, los turistas. Llaman la empresa PeruRail, pero por burlones. Y te cobran más o menos 1 US$ por km, entre Piscacucho, a pocos kilometros mas allá de Ollantaytambo, en el Valle Sagrado, y Aguas Calientes, al pie de la ciudadela. Un disparate vergonzozo que me negue a pagar; y a los rebeldes de pacotilla - los tacanos?? -, lo unico que nos queda, es darle la vuelta a la montaña y al valle del Machu Picchu: un viajecito en bus y combi de unas 6 horitas hasta los pueblos de Santa María  - casi ya en le selva! - y Santa Teresa, la travesía en tirolina del río Urubamba - jalado por un buen hombre por 1 sol -seguiditos por una caminata de unas 2h y media a lo largo de la vía del tren, para por fin llegar al anochecer a Aguas Calientes, un pueblo bien feucho, que podría parecer una estación de esquí alpina diseñada en los ochenta - bueno, seguro me apareceio más feo por el cansancio.
Pero claro, al día siguiente, todo cambia. A las 3h30 de la madrugada, a caminar para arriba, hasta la fortaleza; es que el lugar se merece un poco, y por eso los españoles ni se enteraron de su existencia - fue descubierto en 1911 por un tal Hiram Bingham, arqueologo americano, bajo las indicaciones de campesinos quechuas de la zona. Al entrar en la todavía penumbre de la noche, el lugar es totalmente fantastico y misterioso, por su belleza y su ubicación, este valle de montañas verdes tan inasequibles y remotas. El día difunde poco a poco sus tenues rayos en todo el recinto, hasta derrochar la luz deslumbrante pocas horas despues, con ese cielo tan azul. Que impresionantes esas terrazas, agricolas o de viviendas, que corren a lo largo, a lo ancho, y no llegan a contarse bien, por numerosas, cuando se mira con vertigo hacia abajo o se levanta la cabeza. En Pisac tambien dejan boquiabiertos, mientras las de Moray desconciertan. Y luego, llama la atención la grandeza, el tamaño del lugar. Las perspectivas tan variadas que se pueden disfrutar, perdiendose en los rincones de las templos, de las calles y salas, subiendo - arrecha la subidita!! - arriba del Huayna Picchu - la "montaña joven", al contrario del Machu Picchu, la "montaña vieja" o alejandose hasta la Puerta del Sol - otra, no la del Oso del Madroño no seais tontos. Un lugar impresionante, único, pese a la numerosa gente. Hasta a los ruidosos grupos de niños peruanos de la escuela les cogí cariño en algunos momentos: cuando me colaba a escuchar las explicaciones de las maestras sobre el Intihuatana y demás templos, y me imaginaba a los Incas leyendo las estrellas o haciendo señas de humo y de luz para comunicarse con el Cuzco.

* en el Valle Sagrado

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