vendredi 9 avril 2010

Edad media en las minas de Potosí

Cuando en 1545 llegan los españoles a lo que es ahora Potosí, se encuentran con un cerro mágico, repleto de plata: el Cerro Rico. "Potosí", del quechua "Poto", brotar: " Sí , está brotando plata del cerro!", explican los indígenas a los españoles. Durante dos siglos, se siguen extrayendo cuantiosas cantidades de plata, transportadas en llama y barco hasta España. A finales del siglo 18, Potosí cuenta con mas de 160 000 habitantes, más que París o Londres, y es una de las ciudades más ricas de suramérica: numerosos europeos emigran allí y viven en una obscena profusión de palacios y riqueza, mientras los indígenas trabajan jornadas continuas de 24 horas en la mina por una miseria. La hoja de coca, muy anclada en la cultura quechua andina, y declarada satánica algunos años antes dificultar el proselitismo católico, es rehabilitada por el Rey por su poder alimenticio y de alivio en el agotador trabajo de las minas, haciendo los mineros mas resistentes. Pero como para Ouro Preto en Brasil, la edad de "oro" se acaba, a principios del siglo 19: los yacimientos se quedan sin plata y la historia sigue, menos feliz: la ciudad empobrece rápidamente.
Hoy en día, Potosí es una ciudad pobre, a pesar de un hermoso centro colonial. 5000 mineros, organizados en cooperativas, siguen trabajando en el cerro, en busca de plata, estaño, plomo o zinc. Con escasos resultados. Me esperaba algo turístico y un poco falso, pero nada de eso: recorrer los tuneles de la mina es una experiencia atemorizadora y conmovedora: riesgo cotidiano, trabajo a mano, dinamita aleatoria. Los mineros tienen una mejilla deformada por la coca, se ponen hasta arriba de alcohol "bebible" a 96 grados, se enferman de silicosis y siguen adorando al Tío*, ese dios de la mina, inventado por los españoles para hacerles trabajar más. "The Devil's Miner", una película rodada en el 2006, cuenta la historia de un chico de 14 años, trabajando en la mina desde 4 años, con su hermanito, Todavía quedan algunos.

* "Tío" deriva de "Dios": ya que la "t" no existe en quechua, se transformó en "d"

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