Los Galápagos quedan a unos 1000km de la costa ecuatoriana y a poco más de una hora de vuelo de Quito. Muy cerca y muy lejos a la vez, tan la sensación de cambiar de mundo, de remontar el tiempo miles de años se impone de por sí al pisar el archipiélago. EL espectáculo de la naturaleza puede empezar en esos pedazos emergidos de tierra volcánica.
Enamorarse del tambalear de los lobos marinos y de sus ojos negros, ondos y aguados; clavar la mirada de una iguana terrestre o marina y quedarse inmóvil hasta que él, descontento, cabecee arriba abajo de manera rápida y entrecortada; nadar con las tortugas, acompañarlas con lentitud y gracia o acudir su torpe y gracioso ballet amoroso en Isla Floreana; intentar seguir un tiburón tintorera hasta esconderse con él debajo de las rocas, más al fondo, donde también descansan tumbadas en la arena todo tipo de rayas - manta, marble, ...; descubrir la magia de Seymour Norte, sus fragatas magnificas de cuello rojo inflado, listas para el amor, sus piqueros patas azules bailando y cantando a modo de seducción, sus Finches de Darwin, tan importantes para llevar a cabo su teoría de la evolución; pasar vértigo en los acantilados de Isla Española viendo como los albatros juveniles intentan despegar por primera vez a los 6 meses de edad, sin estrellarse sobre las manadas dormidas y rojizas de iguanas marinas que toman el sol en las rocas; conseguir, por fín, ver en Sombrero Chino los pingüinos de Galapapagos, los unicos del hemisferio norte; arrepentirse de la estupidez y chulería humana viendo a Lonesome Georges, tortuga gigante de más de 80 años, último de su linaje y de su raza (será gay por no interesarse en las hembras que tiene con él en su cercado??); descubrir las vistas inolvidables desde la Isla Bartolomé y caminar descalzo en la lava haha; decir adiós a las islas diciendo hola a los tiburones martillos, por 30m de profundidad, en las Rocas Gordon.
Complicado, el regreso al alboroto y agobio quiteño!
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